"En un primer momento, todo estaba muy quieto y tranquilo y me pregunté qué me había despertado. Entonces mi corazón dio un brinco y me di cuenta de que Spider se había despertado y acercado a la puerta. Tenía el pelaje erizado, las orejas aguzadas, la cola enhiesta y el cuerpo tenso, como si se dispusiera a saltar. Emitía un gruñido gutural y apenas audible. Me incorporé y quedé paralizado en medio de la cama, consciente tan sólo de la perra, de mi carne de gallina y de lo que súbitamente pareció otra clase de silencio, un silencio agorero y pavoroso. Fue entonces cuando oí un sonido procedente de las profundidades de la casa, aunque no sonó muy lejos de la habitación en la que me encontraba. Fue un sonido débil y, por mucho que me esforcé, no conseguí deducir qué lo producía. Parecía un golpe o ruido sordo, regular e intermitente. No ocurrió nada más. No sonaron pisadas, las tablas del suelo no crujieron, el aire continuó inmóvil y el viento no gimió alrededor de la ventanas. Sólo persistió ese sonido asordinado y de la perra erizada junto a la puerta; Spider acercó el morro al claro de la parte inferior de la puerta, olisqueó, retrocedió un paso, ladeó la cabeza y, al igual que yo, aguzó y volvió a aguzar el oído. De vez en cuando volvió a gruñir."
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jueves, 8 de noviembre de 2012
La mujer de negro (IV)
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domingo, 28 de octubre de 2012
La mujer de negro (III)
"De las marismas me llegó una suave brisa con aroma salitroso. Incluso desde esa distancia percibí su misterioso silencio, y nuevamente su belleza obsesionante y extraña desató una reacción en lo más profundo de mi ser. No podía huir de ese lugar, tendría que regresar; no lo haría ahora, sino pronto, había sucumbido a esa clase de influjo que ciertos lugares desprenden y que atrajo hacia sí mismo mi persona, mis fantaseos, mis anhelos , mi curiosidad y todo mi espíritu."
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jueves, 18 de octubre de 2012
La mujer de negro (II)
"En ese momento le clavé la mirada, la observé hasta que me dolieron los ojos, la miré sorprendido y desconcertado por su presencia y me di cuenta de que su rostro poseía expresión. Aunque las palabras parecen del todo inadecuadas para definir lo que vi, sólo puedo describir su expresión como de malevolencia desesperada y ansiosa; daba la sensación de que buscaba algo que quería, que necesitaba, que debía tener, algo que deseaba más que la vida misma y que le había sido arrebatado. Con todas las fuerzas de que disponía dirigió esa maldad, ese odio y ese desprecio puros a quienquiera que se lo hubiese quitado. Pese a su extremada palidez, su rostro y sus ojos hundidos pero extraordinariamente brillantes ardían a causa de la concentración de una emoción apasionada que estaba en su seno y que emanaba de su ser."
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lunes, 8 de octubre de 2012
La mujer de negro (I)
"La bruma se encontraba en el exterior; pendía del río, se deslizaba por callejones y callejuelas y se arremolinaba entre los árboles pelados de los parques y los jardines de la ciudad; también estaba dentro: penetraba como el mal aliento a través de grietas y fisuras y se colocaba con sigilo cada vez que se abría una puerta. Se trataba de una bruma amarillenta, sucia y maloliente, de una niebla que atragantaba, cegaba, manchaba y ensuciaba. Hombres y mujeres cruzaban las calles a tientas, se jugaban la vida, trastabillaban en las aceras y, en busca de guía, se aferraban entre sí y a las barandillas.
Los sonidos quedaban asordinados y las sombras se desdibujaban. La niebla había caído hacía tres días, no parecía dispuesta a marcharse y supongo que poseía las características de todas las brumas: resultaba amenazadora, siniestra, ocultaba el mundo conocido y confundía a sus habitantes, del mismo modo que se confundirían si les tapasen los ojos y los hicieran girar para jugar a la gallina ciega."
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domingo, 7 de octubre de 2012
La mujer de negro
Argumento:
Cuando el joven abogado Arthur Kipps recibe el encargo de viajar a un purblo remoto del interior rodeado de marismas brumosas para asistir al entierro de una anciana no puede ni imaginar lo que le espera, y sólo ve en ello la posibilidad de progresar profesionalmente, lo que quizá le permita finalmente casarse. Mientras intenta poner orden en el legado de la difunta, empieza a ver una extraña aparición y se introduce en una historia que los lugareños intentan olvidar: la de una madre soltera que tuvo que dejar a su hijo al cuidado de su hermana, pero el niño se hundió en las marismas mientras su madre biológica lo miraba todo impotente desde su ventana. Según dice la tradición, siempre que alguien ve al espectro de la madre, muere un niño, y a la larga Arthur Kipps comprobará en su propia familia hasta qué punto esa tradición es cierta.
Opinión personal:
Es un libro que tarda en arrancar, a ratos resulta un poco demasiado descriptivo y el final es predecible. Pero la descripción logra hacer que uno se imagine el lugar y las circunstancias al detalle y se identifique con los sentimientos que vive el protagonista.
Nota: 7
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