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miércoles, 19 de febrero de 2014

La ladrona de libros (II)


"Para la mayoría de la gente Hans Hubermann era casi invisible, una persona normal y corriente. Tenía grandes dotes como pintor y poseía un oído más fino que la mayoría. Pero estoy segura de que habrás conocido personas como él, con esa habilidad para mimetizarse con el fondo hasta cuando son el primero de la fila. Simplemente estaba allí. Pasaba inadvertido, no tenía importancia ni valor.
   Lo decepcionante de esa apariencia, como te imaginarás, era que, por así decirlo, inducía a un completo error. Si había algo que no podía ponerse en duda, era su valía, algo que a Liesel Meminger no se le pasó por alto. (Los niños... A veces son mucho más astitos que los atontados y pesados adultos.)"

lunes, 27 de enero de 2014

La ladrona de libros (I)


"Un poco antes, unas niñas habían estado jugando ahí a la rayuela, en esa calle que parecía una página con manchas de aceite.Cuando llegué, todavía se oía el eco de sus voces. Los pies repicando contra la calzada, las carcajadas infantiles y las sonrisas de sal. Aunque se desvanecían a gran velocidad.
   Luego, las bombas.
   Esta vez todo llegó tarde. 
   Las sirenas. Los gritos alborotados de la radio. Todo demasiado tarde.

En cuestión de pocos minutos, había montañas de cemento y tierra por todas partes. Las calles se abrieron como venas reventadas. La sangre corrió hasta que se secó en el suelo, donde quedaron pegados los cuerpos inmóviles, como los escombros tras una inundación.
   Pegados al suelo hasta el último de ellos. Un mar de almas. 
   ¿Fue el destino?
   ¿La mala suerte?
   ¿Eso los dejó pegados al suelo?
   Por supuesto que no.
   No seamos estúpidos.
   Seguramente las bombas, arrojadas por humanos escondidos entre las nubes, tuvieron algo que ver. 
   Sí, el cielo era de un rojo abrumador, ardiente. La pequeña ciudad alemana había quedado dividida en dos otra vez. Los copos de ceniza caían con tal encanto que uno se sentía tentado de atraparlos con la lengua y saborearlos. Pero te habrían quemado los labios y escaldado la boca."

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